Solo quien tiene la suerte de tener hijos sabe como me siento en momentos así.
Pero esta entrada es para unas personas que aún no he nombrado: mis amigas y amigos.
La vida me los fue dando poco a poco, como si en cada momento me salpicara con algunos de ellos.
La más antigua Mónica (desde la guardería), las mejores Cristina (antigua vecina, compañera de experiencias y, como yo, víctima de los horarios de nuestros maridos) y mis hermanas (ellas siempre), entre unas y otras están las más lejanas pero también muy cercanas gracias a internet, Karmeta, Marta, Marian, Puri, Loli... perdonad que no os mencione a todas pero trato de no extenderme mucho, el orden tampoco importa porque de todas he aprendido algo y a todas os tengo un cariño especial.
Hace unos días mi marido me animaba a comprarme una Nancy con el pelo a capas por el módico precio de 200 € ¡tendría que estar loca para gastarme ese dinero en una muñeca! Con esa cantidad compro ropa de toda la temporada para mi hijo.
Se lo cuento a una amiga y me dice que me regala la suya pero que tiene el pelo cortado, le doy las gracias pero si es un recuerdo de su infancia será mejor que la guarde.
Al día siguiente se encuentra a mi marido y le dá la muñeca, cuando la veo no me puedo creer que sea una Nancy con el pelo a capas.
Voy a buscarla y le explico que el pelo no lo tiene cortado, es así de fábrica y en internet puede conseguir una pequeña fortuna por ella.
Entonces me sonríe y me dice, que esa pequeña fortuna será mayor si la vende dentro de un tiempo, pero cuanto más espere para venderla más valor tendrá por lo que acabará no vendiéndola. ¡Además! No me haré rica ¿verdad? Pues te la llevas y la pones con las tuyas, sabrás darle más valor que yo.
Abrazos, besos, algunas lágrimas... ¡que afortunada me siento!
Me parece preciosa, es un regalo muy bonito pero más que la muñeca me gusta el regalo que la vida me ha hecho al darme una amiga así.
¡Gracias!
¿Estoy escuchando a las Baccara?

